Mamá:
Han pasado un poco más de cinco meses que se me han hecho larguísimos, y al mismo tiempo me da la sensación de que sólo hace unas semanas estaba contigo, con tu mano en la mía.
Esta etapa ha sido muy dura. La pena la he llevado en el corazón y en el cuerpo con tanta nitidez, que ahora entiendo que lo que antes consideraba descripciones figurativas de la tristeza, son más bien descripciones literales que se sienten con gran intensidad. Un corazón pesado que pareciera arder en llamas, una angustia que hace un hoyo en el estómago, un llanto atrapado en la garganta que no deja respirar. Ese sentimiento que aunque con muchas personas alrededor, sigo sola, porque esa pena es mía, solo mía, y no tengo cómo explicarla.
Pasé semanas con esos sentimientos sin tregua. Luego empecé a mantenerme muy ocupada, haciendo muchas cosas hasta tarde en la noche para poder dormirme rápido y evitar ese momento de lucidez y silencio antes de quedarme dormida. Le tengo miedo a ese momento, porque recuerdos de tus últimas semanas se vienen a mi mente, o la culpabilidad que no he podido desechar por más que he intentado, de que te fallé al estar tan lejos tuyo durante tanto tiempo y que le fallé a mis hijas, por no haberles dado más oportunidades de disfrutarte.
Le tengo miedo a ese momento porque todas las emociones me arrollan y no hay cómo detenerlas y paso la noche entera envuelta en lágrimas. Cuando lo siento venir trato de distraerme con algo y me quedo despierta hasta muy tarde.
Ahora últimamente los días pasan más tranquilos, y las noches se han apaciguado un poco. Siempre estás en mi pensamiento. He soñado contigo algunas veces, te he sentido cerca, pero todavía busco el momento de sentirte cerca y tener reposo y consuelo.
En los días antes de tu partida te dije muchas veces que te fueras tranquila, que todos estaríamos bien. Que yo estaría bien. No tenía idea lo que se me vendría encima, y supongo que te mentí, porque la fortaleza de esos primeros días sin ti se desvaneció por completo y no he estado bien.
Perdóname si te desilusiona mi debilidad, pero espero que me puedas entender. Tú misma me dijiste una vez, poco después que mi abuela había fallecido, que no importa la edad que tengas cuando pierdes a tu madre, es doloroso y te sientes huérfana. Tenías toda la razón, como siempre. Soy un volantín a la deriva, un árbol sin raíces.
Pero tiempo al tiempo, ¿no? Espero un día ponerme de pie y estar bien, cumpliendo así esa promesa que te hice.