Mamá:
El sábado 11 de agosto a las 11:55pm tu cuerpo liberó a tu espíritu y te fuiste donde te llamaban personas muy queridas. Ahora descansas del desgaste físico y de toda pena que te afligía.
Las experiencias vividas desde ese momento han sido difíciles pero siento una fuerza que me lleva de la mano y me da tranquilidad, aunque sí hay momentos de mucha tristeza y me pareciera una mentira que partiste.
En tu funeral hablamos tus tres hijos como tú querías. No quiero pensar en esa ocasión como una despedida porque una despedida implica un alejamiento, una ausencia, y yo quiero pensar, creer, sentir, que tú estás cerca mío, aún más que antes, porque la distancia ya no es un impedimento como lo fue por tantos años. Espero que así sea, porque la posibilidad de no sentirte más me da mucho temor.
Ese día leí parte de la carta que te escribí el 17 de Julio porque quise compartir mi certeza de que a pesar de lo difícil que es, tu partida ha sido en el momento necesario y preciso. No entiendo bien por qué tenía que ser ahora, pero sí sé que hay algo que debes hacer por nuestra familia desde el otro lado del velo que debía ser en este momento.
Ricardo habló de cómo habías sido tú quien le había enseñado a amar y a disfrutar de la vida. David habló de ti como una madre fuerte y de gran valor y entereza quien provino de una línea de madres con esas mismas cualidades. Nuestra familia ha sido muy bendecida con mujeres admirables.
Vino mucha gente a acompañarte y a dar testimonio del tipo de persona que fuiste. Tías, primos, amigos de toda la vida y vecinos te quieren tanto. Ese amor lo lograste con la calidez de tu sonrisa, la legitimidad de tu amistad y la sencillez de tu corazón. Espero poder lograr una fracción de lo que tú lograste y transmitiste en tu vida. Espero poder ser la hija que necesitas a este lado para ayudarte en lo que debes lograr ahora.
Te quiero y extraño.
Pamela.

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