Thursday, January 17, 2013

Martes, 11 de Septiembre 2012

Mamá:

El martes pasado fue el primer día de jardín infantil para Joanna. Por la vereda en camino al jardín daba cada paso pensando que ese era un día en el que tú hubieras estado pensando en mí, contenta que Joanna comenzara una nueva etapa y contenta por mí porque tendría unas horas libres.

Hubieras estado pensando en mí porque tu eras mi partidaria, mi amiga, mi mayor defensora, la que me siempre deseaba mi bienestar y felicidad.
Me entristeció tanto darme cuenta que ya no estabas para pensarme en ese día ni alegrarte por mí y por mi hijita, pero debo decirte que no pasaron más de dos segundos antes de sentir que en ese momento no sólo estabas pensando en mí, sino que caminabas a mi lado.  Supe que estabas mirándonos, sonriendo. Sentí que te complacía verme.

Cuando volví a la casa me senté en la escalera a llorar. Te lloré más de lo que había llorado desde que llegué de vuelta. Te lloré apenada de no poder conversar contigo ni abrazarte, apenada de que Joanna va a crecer sin poder compartir ningún momento de su vida contigo en persona. Pero en ese llanto también me sentí agradecida de haberte tenido conmigo en ese momento. Un agradecimiento que por unos minutos alivió el enojo que tengo por haberte perdido.

Hoy se cumplió un mes desde tu partida y me pareciera que fue solo ayer. Espero que con el tiempo los días de sentirte a mi lado se multipliquen y que el consuelo y agradecimiento desplacen el enojo por completo.

Te extraño.

       Marzo 1979 (?) 

Septiembre 2012

Saturday, September 1, 2012

Sábado, 1 de Septiembre 2012


Mamá:

Hoy se cumple una semana desde que llegué de vuelta a mi casa. Pensé que al llegar colapsaría y me convertiría en un desastre humano, pero no ha sido así, por lo menos hasta ahora.
Estudiosos han descrito etapas que se desarrollan al vivir un duelo (el modelo de Kübler-Ross es el más conocido):

1. Negación y Aislamiento
2. Ira
3. Negociación
4. Depresión 
5. Aceptación

Claro, las emociones son todas muy personales y nadie puede predecir con precisión como uno va a vivir la pena de perder a alguien. Y para ser fiel a mi personalidad, nadie me va a decir cómo debo sentirme ni cuando,  aunque la verdad es que ni yo sé qué esperar de un día a otro.

Yo comencé a vivir el duelo desde que supe de tu diagnostico. Lo primero para mí fue la negociación, luego la ira. Ahora paso por una mezcla de todo, aunque en general me he mantenido en calma pero con momentos de mucha pena. Mi organismo ha respondido con cansancio y muchísimo sueño, hoy me sentí hasta débil; si no fuera por las niñas no me movería de la cama. 

Al despertar, insulto al día por su impertinencia e insolencia al esperar que me levante y siga funcionando. Cuando llega la noche se me hace difícil renunciar al día y dormir. Me he sentido así desde la mañana después de tu muerte, sorprendida que la vida continuara cuando el mundo entero debería detenerse por un muy largo tiempo. Quisiera poder esconderme entre sábanas, pero supongo que tener razones importantes que me hagan levantarme cada día es una bendición. 

A veces todo me parece un mal sueño. Mi mundo ha cambiado tanto y ahora se ha abierto a un concepto más concreto de la dimensión que no puedo ver, haciéndome sentir como perdida en una vastedad desconocida. Yo sé que vivíamos lejos, pero la vida diaria ya no es la misma sabiendo que no estás.

Para terminar en una nota más positiva, te cuento que hoy salió un arcoiris hermoso. El cielo se vistió de colores por unos minutos que me parecieron dedicados exclusivamente a mí. Gracias por el saludo. Gracias por recordarme que me cuidas de cerca y que vas a ser para siempre mi madre. Te quiero mucho. Ahora y siempre.

Pamela.

Friday, August 31, 2012

Miércoles, 29 de Agosto 2012

Mamá:

Hasta ahora había llevado mi vida libre de grandes penas o experiencias extremadamente difíciles. Sentía que navegaba una vida de mares tranquilos con algunas olas, nubes ocasionales, y uno o dos aguaceros que enturbiaban el paisaje, pero sin mayores tormentas que me hayan hecho sentir desolada. Me sentía muy satisfecha con mi viaje en general y complacida con mi ruta tan cercana a lo que entonces me parecía la perfección.

En nuestras conversaciones telefónicas con frecuencia me preguntabas si yo realmente estaba bien, tal cual como siempre te contaba. ¿Te resultaba difícil creerme? En realidad así me sentía, que todo estaba bien, todo en su lugar; lo negativo nunca era significativo ni digno de mencionar. Me preguntabas preocupada de que no estaba compartiendo contigo mi vida en completo. Pero yo no podía inventar algo malo, aparte de no siempre contarte de mi nostalgia, nunca te escondí un problema mayor.

Pero como te contaba, la vida nunca me había entregado una prueba tan difícil de superar, un pena tan larga de llorar, o una decepción tan difícil de dar vuelta. Ojalá lo hubiera hecho, ojalá me hubiera tocado pasar por una tormenta fuerte cuando tu estabas aquí para así haber podido recurrir a tí y aprender de tí el cómo superarla. Pero como una burla cruel, cuando la vida al fin me juega una de las cartas más difíciles, te lleva lejos de mí.

Ahora que tengo una tristeza enorme, dudas, temores y en momentos una soledad abrumadora, no puedo levantar el teléfono y contarte lo que me pasa. Ahora que ciertas convicciones que antes sujetaba con firmeza se me caen a pedazos de las manos, no puedo sentarme a tu lado y llorar en tu regazo ni escuchar consejo.

Tanta  gente me ha conversado del apoyo que recibieron de ti en sus momentos de gran dificultad. ¿Por qué ahora me toca vivir algo así sin ti? ¿Por qué no me tocó a mí recibir lo que ellos recibieron siendo tu mi madre?


Te extraño mamá.



Sunday, August 19, 2012

Lunes 20 de Agosto 2012

Mamá:
El sábado 11 de agosto a las 11:55pm tu cuerpo liberó a tu espíritu y te fuiste donde te llamaban personas muy queridas. Ahora descansas del desgaste físico y de toda pena que te afligía.

Las experiencias vividas desde ese momento han sido difíciles pero siento una fuerza que me lleva de la mano y me da tranquilidad, aunque sí hay momentos de mucha tristeza y me pareciera una mentira que partiste.

En tu funeral hablamos tus tres hijos como tú querías. No quiero pensar en esa ocasión como una despedida porque una despedida implica un alejamiento, una ausencia, y yo quiero pensar, creer, sentir, que tú estás cerca mío, aún más que antes, porque la distancia ya no es un impedimento como lo fue por tantos años. Espero que así sea, porque la posibilidad de no sentirte más me da mucho temor.

Ese día leí parte de la carta que te escribí el 17 de Julio porque quise compartir mi certeza de que a pesar de lo difícil que es, tu partida ha sido en el momento necesario y preciso. No entiendo bien por qué tenía que ser ahora, pero sí sé que hay algo que debes hacer por nuestra familia desde el otro lado del velo que debía ser en este momento.
Ricardo habló de cómo habías sido tú quien le había enseñado a amar y a disfrutar de la vida. David habló de ti como una madre fuerte y de gran valor y entereza quien provino de una línea de madres con esas mismas cualidades. Nuestra familia ha sido muy bendecida con mujeres admirables.

Vino mucha gente a acompañarte y a dar testimonio del tipo de persona que fuiste. Tías, primos, amigos de toda la vida y vecinos te quieren tanto. Ese amor lo lograste con la calidez de tu sonrisa, la legitimidad de tu amistad y la sencillez de tu corazón. Espero poder lograr una fracción de lo que tú lograste y transmitiste en tu vida. Espero poder ser la hija que necesitas a este lado para ayudarte en lo que debes lograr ahora.

Te quiero y extraño.
Pamela.




Tuesday, July 31, 2012

Martes 31 de Julio 2012

Mamá:

Estos días que he estado contigo he sido testigo del amor que tu y tus hermanas sienten mutuamente. Ver su constante preocupación por tu bienestar y el impacto que su simple presencia tiene sobre tu ánimo ha sido revelatorio para mí.
Me las imagino de niñas, jugando a la ronda en el desierto con zapatos empolvados y cintas en el pelo. Me las imagino corriendo alrededor de la casa, riéndose entre secretos. 
Debieron haber sido una alegría y satisfacción muy grandes para Clotilde y José Lino.

Tú eres la menor y por derecho, la regalona. Haz ejercido y aún ejerces ese derecho con maestría. Yo también soy la menor, pero tengo hermanos y eso de regalona no me ha resultado mucho. 

A ti siempre te ha preocupado que nosotros como hermanos seamos unidos y nos comuniquemos regularmente. Ahora comprendo mejor esa preocupación, porque tú quieres que nosotros podamos disfrutar de ese amor de hermanos que tú has disfrutado toda tu vida.

Me diste muy buenos hermanos, y quiero que sepas que los lazos que nos unen son fuertes porque esos lazos a la vez nos unen a tí. Ellos son quienes entienden cómo la vida me hizo quien soy ahora, quienes comparten conmigo lo mas intrínsico de cada ser. Me siento muy bendecida de tenerlos a los dos. Los quiero y admiro mucho.

Me enternece el pensar en Ricardo acariciando suavemente tu pelo para que estés tranquila y puedas dormir. Me da nostalgia recordar a David cantándome canciones en el auto mientras me lleva al aeropuerto después de una de mis visitas, porque sabe que me voy con mucha pena.

Tú nos hiciste hermanos y ahora te vas. Cuando ya no estés yo me voy a sentir triste y a la deriva. Ellos son quienes me van a rescatar y recordar de todo lo bueno que nos ensenaste y de lo bendecidos que hemos sido de tenerte como mamá. 


Yo ahora estoy criando a cuatro niñas que espero puedan aprender de ese amor de hermana y atesorarlo para el resto de sus vidas. Así podrán rescatar y alentar a la que se sienta con pena o a la deriva, elevarse mutuamente, juntas recordar quiénes son y entregarse todo el apoyo necesario, especialmente cuando yo ya no esté.

Te quiero mucho mamá. Quisiera poder quitar tu sufrimiento y devolverte esos tiempos de niña, jugando con tus hermanas libre de preocupaciones y con todas las promesas del futuro por delante.  Quisiera poder tirar tus miedos por la ventana y refrescar tu pieza de aire nuevo, lleno de satisfacción por tu vida y tus logros.


Pamela.


Sunday, July 22, 2012

Sábado, 21 de Julio 2012

Mamá:

Ayer llegamos a casa después de un largo viaje de vuelta. Las vacaciones fueron muy buenas; además de conocer lugares nuevos, pudimos volver a otros lugares que hace varios años nos habían dejado con ganas de más.
El clima en Oregon estuvo nublado y fresco pero nunca con frío, y el sol salía de vez en cuando para recordarnos que era verano. Ahora llegamos al calor insolente de Utah, con un brillo que encandila los ojos.

Hoy he estado preparando mi viaje a Chile. Estoy feliz de poder ir de nuevo y verte, pero las transiciones de la ida y la vuelta se me hacen difíciles. Cuando me voy, me preocupa dejar a las niñas y pienso en todas las cosas que hay que hacer. Cuando llego a tu casa se me olvidan las preocupaciones y vuelvo a ser de 16. Después me preocupa dejarte y tener que volver, y la tristeza de no estar allá se demora en hacerse a un lado. Te cuento esto no para que te preocupes, sino para compartir este proceso contigo, ya que es la naturaleza de la bestia a la que estamos enfrentadas. Así es como se han dado las cosas y como nos toca enfrentar este momento en la vida. Si pudiera, cambiaría las circunstancias sin pensarlo ni un segundo, pero enfrentada ante la realidad, lo que me queda es buscar los factores positivos del asunto.

Lo mejor ha sido el hecho de poder viajar a Chile tan seguido. Y Skype! Las bendiciones que ha traído la tecnología son inmensas, inimaginadas hace solo unos pocos años atrás.

En el libro Peter Pan, escrito por James M. Barrie, Peter Pan le enseña a los niños Darling (Wendy, John y Michael) lo que deben hacer para poder volar como él. El truco está en pensar pensamientos placenteros y maravillosos, coplados con polvo de hadas, por supuesto.

De vez en cuando le pregunto a las niñas, o a quien esté conversando conmigo, si estuvieran con Peter Pan: ¿Cuáles serían sus pensamientos placenteros y maravillosos?

Yo creo que los míos cambiarían según el momento, pero hay algunos que pienso serían algo más permanente, como el momento de silencio cuando beso la mejilla de una niña dormida. O cuando despierto sintiendo toda la emoción de un sueño feliz. O el sonido de pies diminutos corriendo por el pasillo. O la brisa de mar recordándome cómo se siente la paz. O la melodía de una canción favorita. O un viaje a un lugar desconocido. O un momento compartido con familia.

La verdad es que cuando uno se pone a buscar en los archivos de la memoria, los pensamientos placenteros y maravillosos son abundantes, aunque no siempre obvios. Por eso a veces me gusta preguntar, porque esa pregunta desencadena la búsqueda de cosas buenas y nos hace olvidar las dificultades, aunque sea por un momento.

¿Cuáles serían tus pensamientos placenteros y maravillosos?

Aquí va otro: Este martes nos vemos! Un abrazo,
Pamela.



Wednesday, July 18, 2012

Martes, 17 de Julio 2012

Mamá:

Estamos de viaje disfrutando la belleza de estos lugares, contentos de poder romper la rutina y pasar estos días juntos en un ambiente distinto.

Pero cada minuto pienso en ti.  Sé que anoche no estuviste bien y que la condición de tus pulmones es delicada. Me apena mucho no estar contigo estos días. Ha sido tan difícil no poder estar a tu lado constantemente para cuidarte y acompañarte, y más aún, ha sido imposible calcular con seguridad cuando sería el mejor momento para viajar y poder verte de nuevo.

La verdad es que tú estabas más determinada que nosotros mismos en que este viaje que habíamos planeado se llevara a cabo. Las semanas anteriores al viaje me preguntabas si ya estábamos listos para partir, y yo te recordaba cada vez que el viaje no iba a ser hasta mediados de julio. Ahora me pregunto si te apuraba que saliéramos para poder volver pronto y yo pudiera ir a verte.
Espero que al insistir en que trajéramos a las niñas a la playa también hayas determinado esperarme. Tengo mucho miedo de no alcanzar a hablar contigo de nuevo, y como buena mamá que eres, espero que me des en gusto y me regales más días.

Hoy después de conversar con Ricardo, me puse a hacer planes para mi viaje a Santiago, preguntándome con cada opción si voy a llegar a tiempo. Entonces se me vino a la mente el nacimiento de Sara y luego el de todas mis hijitas.

Te acuerdas cuando nació Sara? Una semana atrasada y sin señales de llegada, al final terminó siendo cesárea de urgencia.

Sofía al contrario, aunque también fue cesárea de último minuto, llegó tres semanas adelantada.

Victoria y Joanna tuvieron su llegada más planificada que las otras dos, pero llegaron a su debido tiempo.

Una mujer embarazada, especialmente al aproximarse el final de los nueve meses, siente un deseo enorme de que pronto llegue el fin de tanta espera. Una mamá cuenta con expectativa y ansiedad los días que faltan para por fin tener al nuevo milagro en brazos, y hasta desea que tal vez eso suceda un poco antes de lo esperado.

¿Cómo te sentiste tú al anticipar la llegada de tus hijitos? ¿Se te hacían los días eternos? ¿Contabas los días y las horas?

Se me ocurre que cada uno llega a este mundo en el momento debido y exacto en que debe llegar.

Tú, cuando naciste y Clotilde te recibió en sus brazos, llegaste en el momento exacto en que debías llegar.

Yo, cuando nací y tú me recibiste en tus brazos (feliz de por fin tener una niña tan perfecta),  también llegué en el momento justo en que debí llegar.

Sara, Sofía, Victoria, Joanna, las cuatro llegaron ni un día antes ni un día después de lo que debieron llegar, a pesar de las complicaciones que algunas de las princesas presentaron. Y cuando por fin llegaron, el mundo no podía ser más perfecto, porque esas bebitas estaban por fin conmigo.

Se me ocurre que así será cuando dejemos este mundo también. No va a suceder hasta el momento preciso en que debe suceder. Pienso en eso y siento un poco de paz.

Espero y le pido a Dios que me dé más días contigo, pero sé que tú no te vas a despedir de tu cuerpo ni vas a dejar este mundo atrás hasta que se cumpla el tiempo debido. Y cuando lo hagas y ya te desprendas de lo que te sujeta aquí, vas a tener muchas personas amadas recibiéndote al otro lado, que han estado contando los días para tu llegada con expectativa y ansiedad. Te van a recibir en sus brazos y ese mundo no va a poder ser más perfecto porque tú vas a estar allá. Juntos van a emprender nuevos proyectos y tú vas a estar feliz de verlos, y vas a tener la ventaja de que también podrás vernos a nosotros.

Pero por ahora, espérame mamita que ya voy a verte. Espérame.

Pamela.