Mamá:
Estamos de viaje disfrutando la belleza de estos lugares, contentos de poder romper la rutina y pasar estos días juntos en un ambiente distinto.
Pero cada minuto pienso en ti. Sé que anoche no estuviste bien y que la condición de tus pulmones es delicada. Me apena mucho no estar contigo estos días. Ha sido tan difícil no poder estar a tu lado constantemente para cuidarte y acompañarte, y más aún, ha sido imposible calcular con seguridad cuando sería el mejor momento para viajar y poder verte de nuevo.
La verdad es que tú estabas más determinada que nosotros mismos en que este viaje que habíamos planeado se llevara a cabo. Las semanas anteriores al viaje me preguntabas si ya estábamos listos para partir, y yo te recordaba cada vez que el viaje no iba a ser hasta mediados de julio. Ahora me pregunto si te apuraba que saliéramos para poder volver pronto y yo pudiera ir a verte.
Espero que al insistir en que trajéramos a las niñas a la playa también hayas determinado esperarme. Tengo mucho miedo de no alcanzar a hablar contigo de nuevo, y como buena mamá que eres, espero que me des en gusto y me regales más días.
Hoy después de conversar con Ricardo, me puse a hacer planes para mi viaje a Santiago, preguntándome con cada opción si voy a llegar a tiempo. Entonces se me vino a la mente el nacimiento de Sara y luego el de todas mis hijitas.
Te acuerdas cuando nació Sara? Una semana atrasada y sin señales de llegada, al final terminó siendo cesárea de urgencia.
Sofía al contrario, aunque también fue cesárea de último minuto, llegó tres semanas adelantada.
Victoria y Joanna tuvieron su llegada más planificada que las otras dos, pero llegaron a su debido tiempo.
Una mujer embarazada, especialmente al aproximarse el final de los nueve meses, siente un deseo enorme de que pronto llegue el fin de tanta espera. Una mamá cuenta con expectativa y ansiedad los días que faltan para por fin tener al nuevo milagro en brazos, y hasta desea que tal vez eso suceda un poco antes de lo esperado.
¿Cómo te sentiste tú al anticipar la llegada de tus hijitos? ¿Se te hacían los días eternos? ¿Contabas los días y las horas?
Se me ocurre que cada uno llega a este mundo en el momento debido y exacto en que debe llegar.
Tú, cuando naciste y Clotilde te recibió en sus brazos, llegaste en el momento exacto en que debías llegar.
Yo, cuando nací y tú me recibiste en tus brazos (feliz de por fin tener una niña tan perfecta), también llegué en el momento justo en que debí llegar.
Sara, Sofía, Victoria, Joanna, las cuatro llegaron ni un día antes ni un día después de lo que debieron llegar, a pesar de las complicaciones que algunas de las princesas presentaron. Y cuando por fin llegaron, el mundo no podía ser más perfecto, porque esas bebitas estaban por fin conmigo.
Se me ocurre que así será cuando dejemos este mundo también. No va a suceder hasta el momento preciso en que debe suceder. Pienso en eso y siento un poco de paz.
Espero y le pido a Dios que me dé más días contigo, pero sé que tú no te vas a despedir de tu cuerpo ni vas a dejar este mundo atrás hasta que se cumpla el tiempo debido. Y cuando lo hagas y ya te desprendas de lo que te sujeta aquí, vas a tener muchas personas amadas recibiéndote al otro lado, que han estado contando los días para tu llegada con expectativa y ansiedad. Te van a recibir en sus brazos y ese mundo no va a poder ser más perfecto porque tú vas a estar allá. Juntos van a emprender nuevos proyectos y tú vas a estar feliz de verlos, y vas a tener la ventaja de que también podrás vernos a nosotros.
Pero por ahora, espérame mamita que ya voy a verte. Espérame.
Pamela.